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¿A quién vas a ayudar?

Tú puedes actuar contra la violencia sexual. Si eres testigo de un acto de acoso o de violencia sexual, siempre puedes hacer algo para ayudar.

Poniendo atención en las actitudes y comportamientos tóxicos, basados en la desigualdad de género y el machismo, podemos hacer de nuestro entorno un lugar seguro, respondiendo con contundencia contra el acoso sexual.

Cómo intervenir para ayudar:

(Si no te resulta cómodo intervenir directamente, contacta con las autoridades para que os ayuden)

  • Ofreciendo tu ayuda a la víctima
  • Llamando a la policía si presencias una agresión sexual
  • Avisando a la policía si ves a alguien añadir a escondidas alguna sustancia en la bebida de otra persona
  • Diciendo “no” cuando alguien quiera compartir contigo fotos o vídeos privados de una tercera persona
  • Negándote a participar en conversaciones degradantes que fomenten el sexismo y la violencia sexual

Cómo ser un aliado:

Hay muchas maneras de ayudar. Conviértete en un aliado para la causa:

Cuando no haces nada, estás ayudando al agresor. Pero cuando actúas, ayudas a la víctima. ¿A quién vas a ayudar?

 

 

Fuente y campaña original:

http://www.ontario.ca/home-and-community/we-can-all-help-stop-sexual-violence

Consentimiento: de verdad, no es tan complicado

Traducimos hoy el artículo Consent: not actually that complicatedpublicado en el blog Rockstar Dinosaur Pirate Princess. Hemos eliminado el tercer párrafo del post original porque se refiere a un caso mediático en el Reino Unido (el del futbolista galés Ched Evans, condenado por violación, actualmente en libertad condicional) que creemos de interés limitado en España.

El de hoy es corto, ya que mi vida ya es bastante complicada (y conspira lo suficiente contra mis deseos) como para pasar aún más tiempo pensando en qué escribo para el blog. Pero ¿sabéis qué no es complicado?

El consentimiento.

[…]

Parece como si cada artículo que se escribe sobre consentimiento y cada política que se impulsa para que quien inicia la relación sexual se responsabilice de asegurarse de que la otra persona quería, ya sabéis, follar de verdad con él, generara una ola de comentarios y críticas.

Parece que un montón de gente realmente no sabe lo que significa la palabra “consentimiento”. Desde el famoso “no hay que preguntarle a todo el mundo antes de cada inserción” hasta el estudiante que (dijo que) pensaba sorprender a su pareja con un poquito de BDSM no consensuado, pasando por esa maldita canción y terminando en cada jodido comentario en un artículo que sugiere que sólo “sí” significa “sí”, parece que a la gente de verdad le resulta un problema entender que antes de tener relaciones sexuales con alguien (y esto quiere decir cada vez que las tienes) tienes que asegurarte de que esa persona quiere tenerlas contigo. Esto va para hombres, para mujeres y para todo el mundo. Sea quien sea la persona hacia quien estés iniciando el acercamiento, asegúrate de que de verdad quiere. Sólo es eso. No es difícil. De verdad.

 

Incluso los comentarios que ha recibido esta tira ilustran la incapacidad para entender el consentimiento.

 

Y si aún te cuesta, imagínate que en vez de iniciar un contacto sexual le estás haciendo una taza de té.

Dices “eh, ¿te apetece una taza de té?” y la otra persona te responde “joder, sí, me encantaría una taza de té. ¡Gracias!”, y entonces tú sabes que quiere una taza de té. Pero si la respuesta es “um” y “aah” y “no me convence la idea…” entonces puedes hacer el té o no hacerlo, pero siempre teniendo en cuenta que esa persona podría no quererlo, y que en ese caso (y esto es importante) no le vas a obligar a bebérselo. No puedes echarle la culpa de que te hayas tomado el esfuerzo de hacer el té para el caso improbable de que le apeteciera. Te toca aguantarte: que tú lo hayas hecho no quiere decir que tenga el deber de tomárselo.

Y si te dice “no, gracias”, entonces no haces té. En ningún caso. No le haces té, no le obligas a beber té, no te enfadas porque no quiera té. Te limitas a no hacer té, ¿vale?

Podría decirte “sí, por favor, muy amable por tu parte”, y que cuando el té llegue ya no le apetezca en absoluto. Entiendo que es irritante haber hecho el esfuerzo, pero esa persona sigue sin tener la obligación de tomárselo. Antes quería té, ahora no. A veces la gente cambia de idea en el tiempo que tardas en hervir el agua, echar el té y añadir la leche. Y está bien que eso pase, y sigue sin darte derecho a ver cómo se lo bebe incluso aunque te hayas tomado el trabajo de prepararlo.

Si está inconsciente no le hagas té. La gente inconsciente no quiere té y no puede responder a la pregunta “¿quieres una taza de té?” porque están inconscientes.

O quizá estaba consciente y te dijo que sí cuando le preguntaste si quería té, pero se ha desmayado en el rato que tardaste en hervir el agua, echar el té y añadir la leche. Entonces deberías dejar el té, asegurarte de que la persona inconsciente está bien y (esto también es importante) no hacer que se lo beba. Dijo que sí hace un rato, pero la gente inconsciente no quiere té.

Si te dijo que sí al té, empezó a bebérselo y perdió el conocimiento antes de terminarlo, no le abras la boca y se lo viertas por la garganta. Llévatelo y asegúrate de que la persona está bien. Porque, de nuevo, la gente inconsciente no quiere té. De verdad, confía en mí en este tema.

Si te dijo que sí al té en tu casa el pasado sábado, eso no significa que quiera que le prepares té todo el rato. No quiere que vayas por su zona inesperadamente y le hagas té y le obligues a bebérselo mientras gritas “¡pero la semana pasada quisiste té!”, ni despertarse para encontrarte echándoselo por la garganta.

¿Crees que esta analogía es absurda? Sí, todo esto ya lo sabéis. Por supuesto que no vais a alimentar a alguien por la fuerza porque dijo que sí a tomar una taza de té la semana pasada. Claro que nunca echaríais té por la garganta de una persona inconsciente porque cinco minutos antes dijera que quería una taza. Pero entonces, si podéis entender lo ridículo que es forzar a la gente a que tome té cuando no quiere, y sois capaces de discernir cuándo una persona no lo desea, entonces, ¿por qué os cuesta tanto pillarlo cuando hablamos de sexo?

Se trate de sexo o de té, el consentimiento lo es todo.

Y ahora, si me disculpáis, me voy a hacer una taza de té.

 

 

Conceptos básicos sobre consentimiento

La cultura de la violación es la normalización de la violencia sexual en diversos grados. Ejemplos de esta cultura son la creencia de que las mujeres estamos sexualmente disponibles para quien pelee por nosotras, que somos un objeto que hay que conseguir y que los hombres no pueden resistirse ante ciertas actitudes y señales que lanzamos.

Se espera que los chicos quieran sexo todo el tiempo y esto conduce a la sensación de que ellos no pueden resistirse. En esta cultura, las mujeres tienen que asumir que pueden ser agredidas o sometidas a abusos aunque no lo deseen, porque “es lo normal”, hasta el punto de que muchas víctimas de agresiones dudan de si han sido agredidas o no, puesto que esos comportamientos son los habituales.

1 Cultura violación

El mito de la línea borrosa

En esta cultura de la violación cobra mucha importancia el mito de la línea borrosa, la línea difusa del consentimiento: la creencia de que cuando las mujeres dicen no, en realidad dicen “inténtalo más fuerte”.

3 Blurred lines
A nadie le gusta ser considerado un violador y lo más cómodo es culpar a las mujeres, haciendo creer que no sabemos explicarnos, quejándose de que parece que hay que presentarnos un contrato oficial para saber si queremos sexo, haciendo ver que el consentimiento es algo incómodo y que le resta magia a la relación. Esto no es así: el consentimiento es divertido porque participan todas las partes implicadas en una relación.

2 Línea borrosa
Educar en el consentimiento

Cuando la sexualidad de las mujeres se controla, se juzga y se degrada, se promueve la cultura de la violación y se perpetúa la constante inseguridad en la que vivimos las mujeres. Aceptar la violencia sexual como algo normal, la naturalización de esta violencia, hace pensar que siempre ha sucedido y siempre sucederá, y por lo tanto, no merece la pena rebelarse contra ella o quejarse, pues ya deberíamos estar acostumbradas.

El primer paso para acabar con la cultura de la violación es educar en el consentimiento, porque la cultura de la violación elimina la capacidad de consentimiento.

La violencia sexual no busca la satisfacción sexual; la violencia sexual consiste en una persona afirmando el poder y el control sobre otra. Consiste en no tener el consentimiento, o el acuerdo, de la otra persona, lo que acaba convirtiéndola en víctima de un delito contra la libertad sexual.

6 Qué es consentimiento
Sin embargo, la definición de consentimiento puede ser difícil:

  • El consentimiento es un acuerdo activo para participar en un determinado acto o estar expuesto a una situación determinada.
  • Las diferencias de edad, raza, popularidad, experiencia sexual, género, riqueza, la educación y sexualidad pueden afectar a la dinámica de la relación y algunas personas utilizan para su ventaja estas diferencias de poder. Cuando la gente se estanca en guiones o en roles de género, esto puede contribuir a los desequilibrios de poder.
  • Si una persona tiene menos poder en la relación, puede tener más dificultades para decir lo que quiere. Puede sentirse insegura y temer que la relación se rompa si no cede ante sus deseos y la persona con más poder puede sentirse con derecho a tomar todas las decisiones.

7 no implica

  • El consentimiento de una actividad como besar o tocar, no implica el consentimiento de una actividad diferente, como la penetración, por ejemplo.

10 sí es consentimiento

  • Tenemos que preguntar, escuchar y hablar con claridad, nunca dar las cosas por sentado.

8 preguntar no es

  • “No” es una respuesta completa. Si alguien te dice no, no tiene que darte más explicaciones. Insistir buscando una justificación a la negativa no es un derecho y confirma que no estás escuchando a la otra persona. Esto no es un examen ni un debate, tenemos que estar preparados para el rechazo.
  • A veces no es fácil decir que no, o decirle a alguien que no te gusta, así que no siempre obtendremos un “no” rotundo. Hay otras respuestas que también significan “no”.

11 también significa no

 

No es consentimiento

No entender lo que no es consentimiento puede derivar en conductas de agresión:

9 consentimiento no es

  • No es insistir hasta que te digan que sí, por muy asertivamente y majo que seas, por muchas buenas palabras que emplees.
  • No es argumentar para convencer a la otra parte, no es un negociación ni un debate.
  • No es vestirse o maquillarse de manera que los demás puedan ver como provocativa o seductora.
  • No es pedir que te acompañen a casa.
  • No es ceder por miedo.
  • No es ceder por sentimiento de culpa.
  • No está basado en la manipulación, el engaño o la mentira.
  • No es posible cuando una persona ejerce poder sobre la otra.
  • No es posible si una persona está bajo los efectos del alcohol o las drogas.
  • No es risa nerviosa o cambiar de tema para no responder.
  • No es silencio.
  • No es estar dormida.
  • No es estar casada, comprometida o saliendo con la otra persona.

Puede ser difícil hablar sobre consentimiento, sacar el tema se puede hacer raro si no tienes costumbre. Pero puedes buscar alguna forma divertida de hacerlo, con la que poco a poco irás adquiriendo más seguridad y confianza. Además te permite descubrir nuevas oportunidades, placeres y autoconocimiento.

Por último, recuerda: la superviviente nunca tiene la culpa, incluso si el agresor era un conocido, novio, amigo o cónyuge, e incluso si la superviviente…

  • Ha tenido relaciones sexuales con esa persona u otras personas antes.
  • Estaba bebiendo o tomando drogas.
  • Se quedó callada o no pudo decir “no”, o era incapaz de defenderse físicamente.
  • Vestía ropa que otros pueden ver como seductora.

 

Fuentes:

http://cmhc.utexas.edu/vav_consent.html

http://www.webcomicsnation.com/maisha/sextalk/series.php?view=single&ID=175622

http://we-are-star-stuff.tumblr.com/post/80306332871/neuromorphogenesis-protecting-yourself-from

http://www.scarleteen.com/article/abuse_assault/drivers_ed_for_the_sexual_superhighway_navigating_consent

http://www.yesmeansyes.com/

http://xiscthulhu.tumblr.com/post/76866949369/iwritescenesnotarmsraces-edonaghey-there-is

http://guerrillafeminism.tumblr.com/post/84016426611/catharsisproductions-rhrealitycheck

http://www.golfxsconprincipios.com/lamoscacojonera/que-te-digan-si-el-video-sobre-el-consentimiento-y-otras-cosas-que-todo-el-mundo-deberiamos-recordar/

¿Me han violado?

Es posible que te preguntes si una situación por la que has pasado es realmente una agresión sexual o si entra dentro de la normalidad. Quizás tu experiencia no coincide con las ideas que siempre has escuchado sobre qué es y qué no es una violación, o tal vez pienses que en cierta manera ha sido culpa tuya y por tanto no te sientes capaz de acusar a tu agresor.

En nuestra cultura existen una gran cantidad de mitos acerca de la violación, pero la realidad es que la violencia sexual es mucho más compleja y sutil de lo que se suele creer. Por eso, queremos que sepas que:

  • El uso de alcohol o drogas no justifica el sexo no consentido. Cuando consumimos estas sustancias nos desinhibimos y disminuye nuestra percepción del riesgo y nuestra capacidad de consentir. En muchas ocasiones, los agresores se aprovechan de esta vulnerabilidad o incluso la provocan emborrachando a la víctima o dándole drogas (a veces sin que ella misma lo sepa). Pero estar en un estado de intoxicación jamás justifica que abusen de ti.
  • No es necesario que haya penetración para que exista una agresión sexual. Cualquier acto sexual que no deseas, incluyendo los tocamientos, es una agresión sexual y constituye un delito denunciable.
  • Invitar a alguien a casa no implica que tener sexo sea obligatorio. Puedes retirar tu consentimiento en cualquier momento del proceso, incluso aunque antes hayas dicho que sí. De la misma manera, comportarse de una manera seductora, llevar ropa “provocativa” o dejar que te acompañen no es un motivo para que te hagan tener sexo si tú no quieres.
  • No es necesario que el violador sea un desconocido. Es más, en la mayoría de las violaciones el agresor es alguien a quien la víctima conocía o incluso una persona de confianza. El violador se aprovecha de esta situación de confianza para agredir. Aunque es muy duro pensar que alguien en quien confías ha podido hacerte daño, debes saber que esta situación es muy común.
  • Alguien con quien has tenido sexo consentido antes también puede violarte. Muchas agresiones se producen dentro de la pareja. Haber tenido relaciones sexuales consentidas con alguien no le da derecho a disponer de tu cuerpo a su antojo. Si te han obligado a tener sexo en contra de tu voluntad se trata de una agresión, sea cual sea tu relación con el agresor.
  • No todas las agresiones implican violencia física. En muchas ocasiones, el agresor intimida a la víctima en otras formas o se aprovecha de circunstancias que limitan su capacidad de consentir.
  • No resistirte no implica que estés consintiendo. Al igual que la aceptación, la negativa a tener relaciones sexuales a menudo es algo sutil. Es posible que ante una agresión, la víctima se vea paralizada por el miedo o el shock o sea incapaz de reaccionar por otros motivos. Pero el sexo consentido requiere una colaboración activa de las dos partes. Si esta colaboración no se da, estamos ante un abuso o una agresión sexual.
  • No es posible tener relaciones consentidas con un menor de 13 años. A menudo se justifican las agresiones a niños o preadolescentes diciendo que éste “siguió con el juego” o no se resistió. Sin embargo, los menores de esa edad no tienen la madurez física y mental para tener relaciones sexuales y el adulto se encuentra en una situación de superioridad respecto de ellos. Por eso, si sabes de algún caso de relaciones sexuales con un menor, siempre debes denunciarlo.

    Si tu situación se parece a alguna de las anteriores, o incluso si sigues sin saber si lo que te ha ocurrido es una agresión sexual, tienes derecho a buscar ayuda para entender lo que te ha ocurrido y obtener el apoyo que necesitas. Por eso, incluso aunque no quieras denunciar, te recomendamos ponerte en contacto con alguna de las asociaciones de apoyo a víctimas de nuestro directorio. Allí podrás hablar de lo sucedido con expertos en estos temas, de forma gratuita y con total respeto a la confidencialidad.

Infografía: la violación en España

¿Cuántos delitos sexuales se cometen cada año en nuestro país? ¿Por qué no se denuncia a pesar de los motivos para hacerlo? ¿Cuántos casos de violación se resuelven? Esta infografía (colaboración de Mario Miravalles) nos ayuda a visibilizar el problema de las agresiones sexuales en España. ¡Ayúdanos a compartirla!

datos sobre delitos sexuales (España)

Día Internacional de la Mujer: ayúdanos a combatir la violencia sexual

Día Internacional de la Mujer

“One woman”, iniciativa de la ONU para celebrar el 8 de marzo

“Existe una verdad universal, aplicable a todos los países, culturas y comunidades: la violencia contra la mujer nunca es aceptable, nunca es perdonable, nunca es tolerable”

Ban Ki-moon, Secretario General de la ONU

 

El 8 de marzo de 1908, las trabajadoras de la fábrica textil Cotton de Nueva York se encerraron dentro del edificio para reclamar la jornada laboral de 10 horas. En respuesta, el empresario prendió fuego a la fábrica para obligarles a salir, y 129 de ellas fallecieron en el incendio resultante. Tres años más tarde se escogió esta fecha para la celebración del primer Día Internacional de la Mujer, que en 2013 lleva el lema “Una promesa es una promesa: momento de pasar a la acción para acabar con la violencia contra las mujeres”.

Muchas cosas han cambiado en estos últimos 100 años, pero a día de hoy las mujeres de todo el mundo siguen siendo víctimas de violencia física y sexual. Según datos de la ONU, hasta el 50% de las víctimas de agresión sexual son niñas menores de 16 años. A nivel mundial, un 20% de las mujeres han sido víctimas de violación o de intentos de violación. Sólo en nuestro país, España, más de 6.000 mujeres denuncian agresiones, abusos y acosos sexuales cada año… pero la mayoría de estos delitos todavía se silencia.

Durante estos últimos meses, las protestas en la India han hecho saltar a los medios el problema de la violencia sexual contra las mujeres. Pero no es suficiente, y como dice el lema de la ONU, es el momento de pasar a la acción. Por eso, hoy te invitamos a celebrar el Día Internacional de la Mujer defendiendo sus derechos con un arma tan valiosa como accesible: la información. Información para saber cómo ayudar a una persona querida que ha pasado por el trauma de una violación. Información para animar a las víctimas a denunciar, para construir una sociedad más justa donde ningún agresor quede impune. Información para acabar con mitos, tópicos y prejuicios que le echan la culpa de las violaciones a la ropa, a la bebida o a la hora; en definitiva, a la víctima. Información porque el primer paso de la solución es conocer a fondo el problema.

Ayudarnos a combatir la violencia sexual es muy sencillo: sólo te pedimos que dediques unos momentos a visitar esta página y compartir sus artículos a través de las redes sociales. ¿Quieres aportar algo más? Estamos abiertos a todo tipo de sugerencias, comentarios y colaboraciones a través del e-mail [email protected] ¡Feliz Día Internacional de la Mujer!

La violación en los medios y los teléfonos rotos

¿Alguien se acuerda del juego del “teléfono roto”?

  • La Fiscalía de Madrid publica la Memoria de 2011, que recoge el número de denuncias presentadas durante ese año para diversos delitos, incluyendo las agresiones sexuales. Según diversos estudios internacionales, la mayoría de los delitos sexuales aún no se denuncian, por lo que un incremento del número de denuncias no es necesariamente una mala noticia: puede indicar una mayor concienciación respecto a la necesidad de denunciar para la violencia sexual no queden impune.
  • El periódico 20 minutos recoge la información e, ignorando el hecho anterior, equipara delitos denunciados a delitos cometidos y titula alegremente “Sube el número de agresiones sexuales y violaciones en Madrid”. Aunque en el primer párrafo sí que puntualiza que se trata de “delitos registrados”, en el segundo párrafo y la entradilla abandonan toda pretensión de exactitud y afirman que los casos de abusos y agresiones sexuales cometidos por menores han aumentado un 2.000%. No hace falta indicar que esa cifra es un disparate: lo que está diciendo es que, sin causa aparente, los delitos sexuales se han multiplicado por 20 en el trascurso de solo un año.
  • Meses después, una página feminista recoge esta cifra, junto con otras igualmente sacadas de contexto, y la presenta junto con un montaje de diversas imágenes de sexo forzado. En algunos casos se trata de capturas de pantalla de series que, vistas en su conjunto, tienen un significado muy diferente al que se les ha dado aquí (por ejemplo, un comentarista señala que en la imagen de la serie “True Blood” es el personaje femenino el que está abusando del masculino y no al revés). Bajo el texto “Stop a la cultura de la violación y la violencia contra las mujeres”, la página defiende que este supuesto incremento del 2.000% en el número de agresiones sexuales por parte de menores se debe al acceso de éstos a imágenes de “porno duro”. Cualquier semejanza con el rigor, el sentido común y la realidad se han perdido por el camino.

No estoy diciendo que las representaciones visuales sean totalmente inocentes, ni justificables bajo el paraguas de “es una obra de ficción”.

No estoy diciendo que la cultura de la violación no exista, ni que vivamos en una sociedad igualitaria donde el feminismo ya no tenga sentido.

No estoy diciendo que no debamos hablar de la violencia sexual, ni que no debamos gritar bien alto que ni una sola agresión es aceptable.

Lo que estoy diciendo es que hablar de problemas complejos requiere matices. Requiere análisis serios. Requiere establecer la fiabilidad de las fuentes antes de hacer afirmaciones descabelladas. Requiere pedir que se invierta más tiempo y recursos en investigar las cifras y las causas de la violencia sexual. Requiere reconocer que los hombres también pueden ser y son víctimas de violaciones. Requiere huir de titulares fáciles como el de que en la India se produce una violación cada 20  minutos.

La violencia sexual es un tema muy serio. Recurrir al sensacionalismo no sólo no ayuda a las víctimas, sino que trae el descrédito sobre quienes luchan cada día contra este problema. Hablemos, por favor, de violencia sexual, alto, claro y sin eufemismos… pero tengamos cuidado con los teléfonos rotos.

El problema de las denuncias de violación falsas

Comparación entre el número de violaciones, denuncias, violadores encarcelados y denuncias falsas

Infografía de http://theenlivenproject.com/
Para más información sobre sus fuentes, véase el pie de este artículo

Cuando se habla de violaciones, a menudo nos encontramos con el miedo a las denuncias falsas. Se cree que es común que las mujeres denuncien agresiones sexuales que nunca han ocurrido y que, a causa de ello, personas inocentes acaben siendo encarceladas por un crimen que no han cometido. Pero, ¿cuál es realmente la extensión de este problema?

¿Qué son las denuncias falsas?

Para hablar con propiedad de este tema, debemos en primer lugar tener a claro a qué nos referimos cuando hablamos de una denuncia falsa. Se trata de un delito que tiene tres requisitos:

  • Se imputan a otro hechos falsos que de ser ciertos constituirían delito (en este caso, de agresión o abuso sexual)
  • Esta acusación se hace a sabiendas de su falsedad o con temerario desprecio a la verdad (“acusando por acusar”)
  • Los hechos falsos se denuncian ante un funcionario que tenga el deber de investigarlos (fiscales, policías y jueces de Instrucción).

En muchos casos de agresión o abuso sexual, la denuncia no termina con una condena al agresor ya que no existen pruebas suficientes. Esto puede deberse a que haya pasado demasiado tiempo entre la agresión y la investigación, a las circunstancias en las que ha tenido lugar la violación, a que la investigación no haya sido lo suficientemente exhaustiva o a otros motivos. Pero la insuficiencia de las pruebas contra el agresor no prueba en ningún caso que la agresión no haya ocurrido. Sólo podemos hablar de una denuncia falsa cuando existen pruebas sólidas de que la agresión sexual a la que se refiere no ha tenido lugar.

 

¿Qué porcentaje de las denuncias de violación son falsas?

Cuando se discute el tema de las denuncias falsas, a menudo se cita un “estudio” de Kanin de 1994 en cuyas conclusiones se establece que el 41% de las violaciones denunciadas son falsas. Sin embargo, este estudio presenta una serie de carencias que hacen que sus conclusiones no deban considerarse como válidas:

  • El estudio se basa en 109 denuncias de violación presentadas en una sola comisaría de EE UU. Se trata de una muestra demasiado pequeña y homogénea como para poder extrapolar sus conclusiones de manera general.
  • No hay ningún intento de sistematizar los criterios usados para determinar si una denuncia es falsa o no, ni se compara con otras investigaciones y estudios similares.
  • La determinación sobre la falsedad de las denuncias se basa exclusivamente en las afirmaciones de los policías de dicha comisaría. Estas afirmaciones no se cimentan en una investigación exhaustiva, sino en criterios personales que pueden estar influenciados por sus propios sesgos y prejuicios.
  • Los métodos empleados en la comisaría a la que se refiere el estudio plantean dudas, ya que la práctica habitual durante el periodo estudiado era ofrecer al denunciante someterse a la prueba del polígrafo para determinar la veracidad de su acusación. No sólo se trata de una prueba cuya fiabilidad es más que cuestionable, sino que es posible que muchas víctimas percibieran esta “oferta” como un intento de desacreditarlas y prefiriesen retirar la denuncia a enfrentarse a este proceso.
  • En suma, no se puede determinar la falsedad o certeza de una acusación sin haber hecho una investigación sólida al respecto. En consecuencia, los datos de este estudio no reúnen la credibilidad necesaria para ser considerados una fuente fiable en las discusiones sobre denuncias falsas y violación.

Aunque no son tan populares y mediáticos como el de Kenin, lo cierto es que sí que existen estudios sólidos basados en la investigación y la evidencia, realizados por investigadores independientes en diferentes países occidentales. Cuando se dan las condiciones adecuadas, los resultados oscilan entre un 2% y un 8% de denuncias falsas respecto del total de violaciones denunciadas. Estos son solo algunos ejemplos:

  • Estudio del proyecto MAD (“Making A Difference”). Tras analizar 2.059 casos en 8 comunidades estadounidenses, se determinó que un 7% de las denuncias estudiadas eran falsas. Las comisarías que participaron en el proyecto recibieron formación y asistencia técnica para asegurar que se aplicaban criterios consistentes a la hora de determinar si una denuncia era falsa o no. Además, se comprobó una muestra aleatoria de casos para descartar errores en la entrada de datos.
  • Estudio del British Home Office (Kelly, Lovett & Regan, 2005). Se analizaron 2.643 casos durante un periodo de 15 años. La policía llegó a la conclusión de que el 8% de las denuncias presentadas eran falsas, pero en algunos casos esta determinación estaba basada en juicios personales de los policías encargados del caso, influenciados por criterios como el uso de drogas o alcohol por parte de la víctima. Cuando los investigadores completaron la información disponible con fuentes adicionales (informes forenses, cuestionarios, entrevistas, etc.) y aplicaron criterios uniformes, esta cifra bajó al 2.5%
  • Estudio de Heenan y Murrey en 2006 en Australia. Se tomaron como muestra 850 denuncias de violación, de las que se examinaron 812 casos (aquellos en los que se disponía de información suficiente) usando métodos tanto cualitativos como cuantitativos. Un 2.1% de las denuncias fueron clasificadas como falsas y se emprendieron medidas legales contra quienes las habían presentado.

La realidad es que no puede saberse con absoluta precisión el porcentaje de denuncias falsas de violación que se presentan, pero una estimación de entre el 2 y el 8% es realista y está basada en evidencias en lugar de impresiones y suposiciones. Hay que recordar también que las denuncias falsas se dan en todos los crímenes, no sólo las agresiones sexuales, y que en nuestro sistema judicial la presunción de inocencia hace muy difícil que una persona inocente acabe en la cárcel por una violación que no ha cometido. Por tanto, podemos afirmar que las denuncias falsas de violación son un problema mucho menos grave y frecuente de lo que se piensa.

 

Pero entonces… ¿por qué se sobrestima el número de denuncias falsas de violación?

Existe una falta de información en torno al problema de la violación que da lugar a todo tipo de estereotipos y mitos sobre qué es una “violación de verdad” y cómo son sus víctimas y perpetradores. Existe una tendencia a descreer aquellos relatos que no coinciden con el estereotipo común de la violación y a poner en duda la credibilidad o incluso la moral de la víctima. Un buen ejemplo de ello es el tratamiento que dan los medios a las acusaciones de violación contra algún personaje famoso, donde es frecuente encontrar que se cuestiona la credibilidad del acusador e incluso se le desacredita basándose en aspectos de su vida personal, su comportamiento o su aspecto físico.

En nuestra sociedad, la imagen mental que se tiene sobre una violación suele responder a estas características:

  • El agresor es un desconocido.
  • El violador lleva un arma y/o ejerce la violencia, dejando un gran número de evidencias físicas de lo ocurrido.
  • El agresor sexual es un enfermo, loco o perturbado, no una persona “respetable”.
  • La víctima denuncia inmediatamente y colabora activamente a lo largo de todo el proceso legal.
  • La víctima está absolutamente segura de todos los detalles y no modifica sus declaraciones o se retracta de ellas posteriormente. Ningún detalle de sus declaraciones es falseado, omitido o exagerado.

En cambio, la realidad pocas veces se corresponde con este estereotipo, y las violaciones que responden a todas estas características son minoría:

  • La mayoría de los agresores son conocidos de la víctima o incluso personas cercanas (familiares, pareja, etc). La agresión suele producirse sin que haya uso de armas o violencia física.
  • Es frecuente que pasen días, semanas o incluso meses entre la agresión y la denuncia.
  • En muchos casos se dan factores que afectan negativamente a la credibilidad de la víctima: personas jóvenes, sin techo, discapacitados físicos o psíquicos, uso de alcohol o drogas…
  • A menudo las víctimas falsean, omiten o exageran detalles cuando relatan una violación que realmente ha tenido lugar. Existen varias razones para ello:
    • El trauma impide a la víctima pensar y recordar los hechos con claridad. Su memoria también puede verse afectada por el uso de drogas o alcohol, sobre todo en casos de sumisión química.
    • Cuando se ha dado más de una agresión, es frecuente mezclar y confundir los detalles de los diferentes episodios.
    • La víctima puede no sentirse cómoda dando detalles de los actos sexuales realizados (por ejemplo, referirse sólo a penetración vaginal cuando también se ha dado la anal u oral).
    • Si la víctima tiene una relación cercana con el agresor, puede querer protegerle en cierta medida o recibir amenazas y presiones para cambiar sus declaraciones.
    • La víctima puede omitir detalles que puedan minar su credibilidad, como es el uso de drogas y alcohol o la prostitución, así como ilegalidades que haya cometido (por ejemplo hallarse en situación irregular en el país).
    • También es común que la víctima modifique detalles para crear un caso más “creíble”, es decir, que responda de manera más cercana a los estereotipos antes citados. Ello puede deberse a la culpa, la vergüenza o el miedo a no ser creída.

Este tipo de estereotipos están muy arraigados en la sociedad y no sólo afectan a la víctima y a quienes le rodean sino también, por desgracia, a los encargados de investigar su caso. Por ello, muchas denuncias de violación no reciben la atención que merecen.

En España, además de los mitos y estereotipos citados, suele darse la confusión entre las denuncias falsas por violencia de género y las denuncias por agresión sexual. En la legislación actual, la condición de víctima de violencia de género permite optar a diferentes servicios: ayudas sociales, asistencia jurídica gratuita a la hora de litigar, acceso prioritario a vivienda… además de que la custodia de los hijos nunca puede quedar en manos de alguien incurso en un proceso penal (no ya condenado) por cualquier delito que implique violencia doméstica. Dado que tanto los malos tratos como la violencia sexual afectan predominantemente a mujeres, muchos piensan que denunciar una agresión sexual está automáticamente amparado bajo la ley de Violencia de Género. Esta confusión se da incluso en titulares de periódico, como esta noticia de Público (el titular debería leer “Una red simulaba violencia doméstica para cobrar ayudas y regularizar inmigrantes”). No vamos a entrar a valorar la Ley de Violencia de Género y sus repercusiones puesto que queda fuera del alcance de esta web, pero sí nos parece importante aclarar que se trata de problemas y de marcos legales muy distintos.

Conclusiones

Presentar una denuncia falsa de violación o de cualquier otro crimen es un delito penado con 6 meses a 2 años de prisión y 12 a 24 meses de multa para delitos graves como las violaciones y 12 a 24 meses de multa para abusos o agresiones. Además, las denuncias falsas perjudican a las víctimas reales de violencia sexual, contribuyendo a minar su credibilidad. Sin embargo, se trata de una práctica poco frecuente, cuya importancia se sobrestima debido a estereotipos, mitos y concepciones erróneas sobre la violación. En nuestra opinión, el problema más importante y urgente es que cada año se denuncian miles de agresiones sexuales en España y otras muchas más son silenciadas. Quizás deberíamos dedicar más tiempo y energías a prevenir la violencia sexual y a ayudar a sus víctimas, y menos a usar las denuncias falsas como justificación para no tomar las medidas necesarias.

 

Para más información (incluyendo otros estudios que corroboran la estimación del 2-8%): False Reports: Moving Beyond the Issue

Sobre las fuentes de la infografía que ilustra esta noticia:

Una revisión crítica de los datos

La respuesta de los creadores del gráfico

Rape-Axe, un instrumento medieval para detener las violaciones

Condón anti-violaciones inventado en Sudáfrica

La inventora de Rape-Axe demuestra su funcionamiento. Fuente: http://awwman.net

En palabras de su creadora, la doctora Sonnet Ehlers, Rape-Axe (en inglés, “hacha de violación”) es “un instrumento medieval para defenderse de un acto medieval”. Este peculiar dispositivo anti violación, inventado en Sudáfrica, consiste en un condón femenino provisto de dientes que se inserta de modo similar al de un tampón. Cuando se produce la penetración los dientes de su parte interior se clavan en el pene del agresor, de manera que el dolor le incapacita temporalmente y permite a la víctima huir. El daño que produce en el pene no es permanente, pero una vez puesto no es posible quitarlo sin asistencia médica. El agresor, incapaz de orinar e incluso de caminar normalmente, se ve obligado a acudir al médico y de esta forma su identificación es inevitable.

Rape-Axe fue patentado en 2005 y se popularizó en 2010, cuando se repartieron 30.000 unidades coincidiendo con el Mundial de Fútbol. Se diseñaron varios planes para su comercialización, pero a día de hoy aún no está disponible para el público general… probablemente debido a la controversia que ha generado. Y es que los detractores de Rape-Axe han sido muy claros a la hora de manifestar sus objeciones:

  • Rape-Axe deposita en la mujer la responsabilidad de defenderse de la violación, en lugar de analizar sus causas para prevenir que se produzcan más agresiones. Es decir, no solo no soluciona el problema sino que además culpabiliza a la víctima.
  • Se centra de manera exclusiva en la penetración vaginal, sin reparar en otras formas de violencia sexual (incluyendo la penetración oral o anal). Además, solo actúa cuando la penetración ya ha ocurrido, es decir, que no evita la violación sino que se limita a acortar su duración.
  • Plantea problemas de seguridad, ya que se corre el peligro de que la víctima no consiga escapar a tiempo y el agresor, enfurecido por no poder llevar a cabo su propósito, le provoque lesiones graves e incluso la muerte.
  • Además, al haber encontrado un gran eco en los medios de comunicación, el factor sorpresa se pierde y los agresores pueden diseñar estrategias para evitarlo.

Pero Rape-Axe no pretende ser una solución mundial al problema de las violaciones, ni está concebido para comercializarse en países como el nuestro. Surge en Sudáfrica, el Estado con mayor ratio de violaciones del mundo según la ONU. En un estudio publicado en 2009, un 28% de los hombres sudafricanos admiten haber cometido al menos una violación. Para muchos, se trata de una experiencia de grupo, un ritual “de hombres” compartido con los amigos. Creencias extendidas como que la violación puede curar el SIDA o convertir a una lesbiana en heterosexual no ayudan precisamente a erradicar el problema.

En una situación así, los defensores de Rape-Axe sostienen que es urgente tomar medidas contra las violaciones, ya que sencillamente no hay tiempo para esperar a que las actitudes en torno a la violencia sexual cambien antes de atajar el problema. Ante la acusación de que puede llevar al agresor a actuar de manera violenta, su creadora sostiene que los agresores ya son violentos sin necesidad de que la víctima les provoque y que, por desgracia, muchas víctimas de violación son asesinadas aunque no hayan tratado de defenderse. Así, Rape-Axe cumple una doble función: el miedo verse literalmente “atrapado” puede hacer que el agresor se lo piense dos veces antes de actuar y, en caso de que lo peor ocurra, facilita que acabe pagando por su crimen.

No cabe duda de que Rape-Axe no es una herramienta eficaz para prevenir las violaciones, pero lo que sí puede hacer es dejar claramente identificado al verdadero culpable: el violador. El mensaje no podría estar más claro.

¿Qué opinas de Rape-Axe? ¿Te parece una solución acertada?

 

 

#25N : ayúdanos a combatir la violencia sexual

Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

Fuente: http://nomassilencios.blogspot.com.es/

La violación no es sólo cosa de mujeres, pero afecta sobre todo a ellas. Hoy, 25 de noviembre, queremos celebrar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer recordando que la violencia sexual sigue siendo un problema muy presente en todo el mundo:

  • A nivel mundial, se calcula que el riesgo de sufrir una agresión sexual o un intento de agresión es de hasta un 20% para las mujeres.
  • En España se denuncian más de 6.000 casos de violencia sexual cada año, pero la violación continúa siendo el crimen violento más silenciado.
  • Un 40% de las mujeres sudafricanas refiere que su primera experiencia sexual fue una violación.

El 17 de diciembre de 1999 la Asamblea General de la ONU declaró el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, invitando a gobiernos e instituciones a organizar en este día actividades de concienciación encaminadas a eliminar “todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vía pública o en la vía privada”. La fecha recuerda a las hermanas Mirabal, activistas dominicanas que fueron asesinadas en 1960 por su oposición a la dictadura de Trujillo.

Hoy, como todos los días, te invitamos desde Mehanviolado.com a poner tu granito de arena para la erradicación de la violencia sexual. Ayudar es muy sencillo: sólo te pedimos que dediques unos minutos a visitar esta web y compartas sus contenidos a través de las redes sociales. Porque una de las mejores armas contra la violencia es y siempre será la información.

 

*Fuentes:

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